Mindfulness para niños: aprender a gestionar las emociones

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El Mindfulness para niños es una herramienta para mejorar desde bien temprano su capacidad de atención y para ejercitar su mente en la empatía, la calma y la gestión emocional.

Iniciar a nuestros pequeños en ese mundo facilita que se conozcan mucho mejor a sí mismos, lo que hace que sean mucho más hábiles a la hora de desenvolverse en todas las situaciones.

Sabemos los beneficios que proporciona a los adultos el hacer uso de la atención plena en nuestro complejo y complicado mundo. Esas situaciones en las que nos vemos envueltos -tanto a nivel personal como profesional- dejan huella en nosotros. Nos sumen en estados estresantes, donde las prácticas mindfulness son muy útiles.

Tenemos la responsabilidad de ofrecer a nuestros niños un espacio seguro, libre de estrés y de angustia. Enseñémosles a conectar con ese espacio de calma que todos tenemos dentro desde donde se entienden mucho mejor las emociones.

 


Los niños también pueden:

Por tanto, si estas prácticas son útiles para nosotros, ¿por qué no enseñarlo a los niños?. Hay multitud de escuelas de todo el mundo que han incluido el mindfulness en el día a día.

Los ejercicios de respiración, meditación y atención plena que se incluyen en su práctica diaria influyen decisivamente en que exploten todo su potencial y que lo hagan de una forma natural y libre de traumas.

Una de las claves es que se introduzcan de una forma que los niños entiendan y que se haga desde bien temprano. No debe convertirse en una tarea, sino que lo deben percibir como algo que les ayuda a sentirse mejor.

De esta forma se convertirá en algo que “lleven” con ellos a todas partes y que conforme descubran su potencial para ayudarles a ser mejores personas e individuos más eficientes, lo integraran en todo lo que hagan y servirán de inspiración para que otros niños también se sumerjan en su aprendizaje.

 


Canalizar las emociones negativas

El Mindfulness es mucho más que un simple conjunto de ejercicios. Cuando estas técnicas permean dentro de nosotros y las integramos de forma apropiada, se convierten en un estilo de vida.

La atención plena propicia un cambio de enfoque que crece progresivamente hasta que cambia nuestra perspectiva de la vida.

Su efecto en los niños hace que desde muy temprano empiecen a ser capaces de gestionar mucho mejor sus emociones negativas y de entender cuál es el origen de su ira o de su tristeza, para así ser capaces de canalizarla de forma adecuada.

Esto mejora enormemente sus habilidades para relacionarse en el ámbito familiar, con sus amigos y en el colegio, lo que aumenta su confianza, su rendimiento escolar y les lleva a tomar buena decisiones.